Toda derrota es dolorosa. No hay consuelo. El remordimiento se vuelve más liviano si se dejó todo, incluso lo imposible, en busca de ese gran objetivo. Pero no alcanza. No cura. La reacción es inevitable: desazón, tristeza y lágrimas que hablan por sí solas. Como si esas pequeñas partículas de líquido dijeran que, pese a haber hecho todo en el camino, no fue suficiente. Y solo pensarlo duele. A Jockey lo carcomió por dentro. Las cabezas gachas, el lamento colectivo y esa sensación inevitable: si el partido hubiese durado un par de minutos más. O si la reacción llegaba antes. O si… Pero no. Nada alcanza cuando la puerta queda cerrada en la cara. Jockey se quedó a las puertas del Torneo del Interior “B” tras caer 27-22 contra Universitario de San Juan en la reválida. Un día histórico, pero doloroso.
Para el “Cañero” había mucho en juego. Incalculable. Era la primera vez que tenía la posibilidad de acceder al torneo nacional. De poder codearse con los grandes. De sentirse parte de ese grupo y saldar una deuda que le costó años. Porque Jockey, a diferencia de otros “grandes” del rugby tucumano, recién está escribiendo su historia. Y estas instancias no son habituales. Por eso, el club organizó una fiesta distinta: banderas, un tercer tiempo masivo para las inferiores -con el objetivo de sostenerlas- y cánticos. Era la oportunidad ideal para fortalecer el sentido de pertenencia. Ese que se forja en el orgullo de las victorias y en el dolor de las derrotas. Y el sueño se reducía a algo simple: ganar para clasificar; perder y empezar de nuevo.
La ilusión se notaba en los rostros de los socios; también en la voluntad de los jugadores. En la primera jugada, el apertura Gonzalo Carrizo encontró un espacio por el sector derecho, se asoció con Bautista Martín y Jockey quedó muy cerca de abrir el marcador. El “Cañero” empezaba a abrir sus primeros surcos ofensivos. Por ahí iba a ir. Pero, a los 5’, el partido dejó una lección: la entrega no sería suficiente. También hacía falta juego. Y, sobre todo, eficacia. Iñaki Barreñada tomó la responsabilidad desde mitad de cancha. No le alcanzó la potencia. La pelota quedó viva. Y “Uni” la aprovechó.Una jugada menor en el resultado, pero enorme en el mensaje: alcanzó para anticipar que la tarde sería más dura de lo esperado.
Los nervios, poco a poco, también empezaron a jugar su partido. Jockey cometió errores y la falta de concentración hizo eco dentro del equipo de Matías Bachur. Como si ese ímpetu inicial se hubiese acabado después de ese arranque furioso. O como si ese fallo hubiese sido un golpe inesperado dentro de la competencia. Universitario percibió esa incomodidad y decidió explotarla. Primero, a través de la patada de Gerónimo Arabel, quien anotó dos penales de larga distancia. Luego, con un try de Francisco Marcucci Varese. El 13-0 no solo era un resultado amplio: era la prueba de que los sanjuaninos estaban decididos a arrebatar la ilusión “cañera”. Y que el contexto adverso no los achicaba, sino que los empujaba a ir por más.
Jockey, abatido, no mostraba reacción. Estaba inmóvil, inconexo. Tomaba malas decisiones y casi no tenía fluidez en el juego. El plan de Bachur, sin dudas, mostraba grietas. Pero todo parecía más una cuestión mental que física. El “Cañero”, sin embargo, encontraría un pequeño alivio sobre el final del primer tiempo. Nicolás Jiménez apoyó un try para reducir las distancias y poner el 13-5. Carrizo, sin embargo, no tendría la precisión necesaria para la conversión. El resultado no era el ideal, pero mantenía con vida a Jockey.
El inicio del segundo tiempo no cambió demasiado. Jockey intentaba sin claridad, y “Uni” rompía líneas al punto de que cada avance parecía letal. El wing sanjuanino Vito Sambrizzi, incluso, anotó el segundo try para Universitario y estiró la ventaja a 20-5. Por lo que se veía en la cancha, el partido parecía definido. Jockey, pese a la diferencia en el marcador, empezó a acercarse. José Luis Casagrande y Jiménez volvieron a marcar tries para achicar la distancia, pero Carrizo, impreciso, volvió a fallar las conversiones. El partido estaba 20-15. Y daba la sensación de que, si Jockey aceleraba un poco más, podía quedarse con el triunfo.
El equipo de Bachur, sin embargo, no supo capitalizar el momento. Volvió a mostrar fragilidad defensiva. Y Sambrizzi, con toda su velocidad, anotó un try que fue una daga. Jockey siguió luchando. Forzó un try penal y, sobre el final, intentó volver a ponerse en partido. Pero se quedó a las puertas.
Y cuando el árbitro marcó el final, la desazón lo invadió todo. Jockey se quedó a un paso. Le dolerá. Mucho. Porque no fue una derrota más: fue una de esas que marcan, que pesan y que obligan a mirar hacia adentro. Pero también fue una de esas tardes que enseñan. De las que separan la ilusión del salto real. Porque para dar ese paso, ya no alcanza con sentirlo ni con empujarlo: hay que jugarlo mejor, pensarlo mejor y ejecutarlo mejor. El “Cañero” todavía está en construcción. Y aunque hoy la puerta se cerró, también dejó algo claro: el camino ya empezó. Y ahora, más que nunca, sabe lo que le falta para transitarlo.